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Feb 16, 2020
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Breakthrough 1st Panzer Army y Operation Typhoon

Feb 12, 2020
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Nuevo artículo histórico.

Nov 23, 2019
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Arnhem 1944

News from the fronline!
 

Cincuenta y seis. Midway 1942

Cincuenta y Seis. Midway 1942

por Enric Martí

“Durante seis meses me lanzaré con ferocidad sobre el Pacifico. Después no puedo garantizar nada”

 Almirante Isoroku Yamamoto

El principal y más conocido artífice de la Alta Estrategia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en una emboscada aérea tendida por los P-38 norteamericanos en Boungainville (1943), fue este almirante cuyo nombre propio quiere decir cincuenta y seis, que era la edad de su padre en el momento de su nacimiento (1884) en Kushigun. A pesar de mitos y exageraciones, tan propias del mundo anglosajón que siempre tiende a supra valorar a sus enemigos para así ponderar en demasía sus triunfos, Yamamoto había participado en su juventud en la batalla de Tsushima (1905) contra la decrépita flota del Zar. Esto marcará toda su trayectoria militar, ya que, aunque era un técnico aeronaval su anacrónico concepto de los acorazados como reyes de los mares, es parejo a los que creían firmemente que la caballería decidiría la lucha en los lodazales de Flandes en 1914.

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Retrato oficial de Yamamoto.

Su fechoría más petulante fue “Escalad el monte Niitaka”, es decir el ataque por sorpresa a Pearl Harbor que como buen oriental era una mala copia de la operación Judgement británica, es decir el ataque de la Flota del Duce en Tarento (1940). Un plagio demasiado exacto para ser efectivo en su teatro, a saber: en sí no había ninguna fecha límite para desencadenar el ataque, por tanto y dado que Japón contaba con un considerable número de informadores en el archipiélago si los portaviones destacados en Oahu por los norteamericanos, habían abandonado su fondeadero (Lexington y Enterprise) no había más que aplazarla hasta su retorno. Ello no fue así, porque el objetivo de Yamamoto eran los vetustos acorazados que jugarán un papel totalmente marginal en la contienda, tanto aquí como en el teatro europeo. Otro detalle ninguneado es que aquel fatídico 7 de diciembre de 1941, sesenta navíos norteamericanos de diversos tipos quedaron totalmente intactos, pues las nunca justificadas prisas en abandonar el ataque así lo propiciaron ¡Las disputas en plena acción de Fuchida y Nagumo, hubieran tenido que ser arbitradas y resueltas en razón a rango y escalafón por Isoroku!

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Movimiento de las flotas previo a la batalla.

Otra pifia y de no menor importancia fue no destruir los gigantescos silos de combustible con reservas para un año, frente a una aviación prácticamente destruida en tierra (200 aparatos). Por ende, sus pilotos, realmente difíciles de sustituir, habían quedado indemnes y una defensa antiaérea insuficiente y saturada. Gracias a ello los buques enemigos podrán repostar y lanzarse hacia el oeste sin más dilación, pero Yamamoto y sus secuaces afirmarán que su ataque a los USA pretendía ganar tiempo para fortalecer su resistencia y llegar a una negociación que no alterase el status quo de su esfera de co-prosperidad, es decir la esclavitud de los pueblos asiáticos por el Sol Naciente en sustitución de las anacrónicas potencias coloniales. Este concepto de no atacar los medios de suministros enemigos no porque estos no fueran rápidamente sustituidos por la inacabable industria norteamericana, sino por el tiempo empleado en trasladarlos a los teatros de operaciones ¿No buscaban tiempo? es otra clave de su final derrota, como vernos también en la terrible campaña kamikaze de Okinawa (1945) en la que estos, en lugar de buscar los poco defendidos trasportes que hubieran dejado a los marines en la ineludible tesitura del reembarque, trataban de inmolarse contra los buques de alto porte erizados de piezas antiaéreas para mayor gloria del Tenno (Emperador).

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Caza Zero despega desde el portaaviones Akagi.

Por último y para nada baladí, fue que los británicos en Tarento no buscaban destruir suministros, diques secos o utillaje pues bien sabían que el tinglado del fascismo no se mantenía por ningún lado y sólo pretendían clavar a sus buques para evitar sorpresas en el Mediterráneo oriental de forma expeditiva. Tampoco pretendían un precoz desembarco en territorio hostil. Pero lo anterior no es aplicable en absoluto a las Hawaii y la Flota Combinada japonesa hubiera tenido que contar con un nutrido contingente de sus aguerridos Kaigun Tokebetsu Rikusentai (Infantes de marina) y ello hubiera acortado de una forma ostensible sus intentos de ganar tiempo con hechos y no con palabras, por muy electrizantes que fueran los Banzais de sus acólitos.

El Plan Maestro

El 18 de abril de 1942, los bombarderos del teniente coronel Doolittle habían alcanzado Tokio causando daños testimoniales de poca entidad, pero afectando el ego insondable del enemigo que no concebía tamaña humillación. Lo que desconocían, como en el caso de la Alemania nazi, era que sus enemigos tenían descifrado su Código Secreto de comunicaciones. es muy interesante especular cual habría sido el devenir histórico en caso de invertir los roles, es decir, si el Eje hubiera tenido una nítida anticipación de los movimientos e intenciones de los Aliados…

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Mapa de la batalla de Midway.

En mayo de ese mismo año se producirá la batalla del Mar del Coral en que ambos bandos acusarán parecidas pérdidas, pero pondrán en evidencia que las fáciles victorias sobre holandeses, británicos o guarniciones dispersas del César de papel couché (Mac Arthur) estaban tocando hueso… además dará un intervalo a los norteamericanos para reorganizarse y reforzarse, una cortesía innecesaria que el Japón Imperial pagará muy cara. Yamamoto se pondrá de inmediato manos a la obra de trazar un nuevo plan, en está ocasión el objetivo era cazar a los portaviones enemigos que tan grácilmente había dejado de lado. Para ello debía atraerlos a una emboscada marítima, amenazando con la ocupación del atolón de Midway situado a unos 1900 Km al este de las Hawaii, objetivo que hubiera podido ocupar cómodamente la Flota que atacó Pearl Harbor el año anterior en su retirada hacia aguas propias ¡Vaya con el Nelson nipón, lo de aprovechar oportunidades no era su fuerte!

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El portaaviones Akagi.

Esta vez no había un Plan inglés que fusilar de pe a pa y el resultado fue deficiente en grado sumo: aniquilación de instalaciones y efectivos del atolón que produciría el contraataque del grueso de la Flota enemiga, para cuyo desgaste se destacó 15 submarinos (Komatsu) que operarían entre Midway y la costa de California, un escaso número quizá adecuado para controlar el mar Tirreno o el Jónico, pero no para la inmensidad del Pacífico. El cuerpo principal de ataque formado por cuatro portaviones, dos acorazados, tres cruceros y una docena de destructores (Nagumo), el de desembarco por el sur (Kondo), un ataque de diversión por el norte (Takasu) en las Aleutianas y el propio Yamamoto a bordo del gigantesco Yamato, con las unidades de superficie más potentes tras Nagumo, pero a una distancia excesiva para un apoyo y cooperación coherentes. Como antecede una autoconfianza y dispersión de medios desbordantes, ingredientes idóneos para saborear una derrota para paladares samuráis imbuidos en el Kodoka (Camino imperial).

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El atolón de Midway en noviembre de 1941.

Preliminares de una hecatombe prevista

Los norteamericanos alertados por su Servicio de Inteligencia destacaron desde Hawaii la Task Force Spruance y la Task Force Fletcher a las órdenes del almirante Chester Nimitz que les dejo obrar con una amplía libertad de acción ¡A lo Blitz alemán! Se emplazaron en el norte, a unos 350 km de Midway, a la espera de que los emboscadores cayeran en su bien urdida trampa. La soberbia de Yamamoto al dispersar contra toda lógica bélica sus superiores fuerzas resumía el choque en un igualitario: cuatro portaviones, contra tres y la fuerza aérea destacada en Midway, sin que el resto de fuerzas niponas tuvieran la menor oportunidad de tomar parte en la lucha en el primer momento y ni siquiera en un apoyo posterior, todo ello por obra y gracia del citado que no sólo había despreciado la pronta reacción enemiga, sino que se creía en poder de los valores físicos de: movimiento, velocidad y tiempo y había presupuesto una batalla pretérita de los tiempos de propulsión a vela en la que tras unas jornadas de cañoneo de tanteo y observación, llegaría él en la proa del buque insignia entre la Niebla de Guerra encarnado en Machiman (Dios de la guerra) en la mejor adaptación de las Kujiki (Crónicas clásicas) todo ello muy sintoísta y edificante pero poco acorde con las reglas de la guerra de mediados del siglo XX.

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El Hiryu maniobra para esquivar las bombas de los B-17.

A las 04:30 del 4 de junio de 1942, a una distancia de 430 Km de Midway, el almirante Chuichi Nagumo lanzó su primera oleada de ataque: 36 cazas Zero y 72 bombarderos ligeros, mientras aprestaba la segunda de 18 y 54 respectivamente, dejando sólo una docena de cazas para la protección de la Flota. Una hora más tarde un hidroavión Catalina de la Task Force de Fletcher que estaba en ruta a menos de 400 Km de la Flota japonesa, descubría la gran oleada en vuelo de ataque hacía el atolón de Midway. A las 06:00 27 anticuados Buffalos y Wildcats de los aeródromos de la isla, les salían bizarramente al quite. Sólo una decena retornarán maltrechos a sus bases… los atacantes estarán sobre sus objetivos media hora más tarde y a pesar de los daños causados estos no afectarán al radar, ni a las pistas y hangares y mucho menos a los bombarderos que no encontrarán en ninguna parte, pues poco se imaginaban que estos con una heroicidad sin mácula, habían despegado sin escoltas en busca de la Flota nipona…

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Los torpederos Devastator del Enterprise aprestándose para el despegue.

Los japoneses, que sólo acusarán la pérdida de 6 aparatos por la defensa antiaérea (2 cazas y 4 bombarderos) ven necesario lanzar otra oleada aniquiladora, antes de emprender el desembarco de las tropas de ocupación. Sobre las 07:00 una decena de bombarderos ligeros norteamericanos (6 Avenger y 4 Marauder) se encuentran en la paralela de la Flota enemiga, pero antes deben sobrepasar a los 12 Zeros que han quedado de cobertura, sólo dos quijotes con alas retornarán a sus bases, sin causar el menor daño a la Flota japonesa… Cuando Nagumo se dispones a lanzar la dispuesta segunda oleada, un avión de reconocimiento da el siguiente aviso ¡Flota enemiga avistada a 400 Km avanzando a toda velocidad! Los norteamericanos acudían a la palestra.

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Un Devastator despega desde el Hornet.

Riesgos calculados

Nagumo, cansado, enfermo y más viejo que un bosque, perderá un tiempo imperdonable en discernir con qué armar sus bombarderos: con bombas para atacar Midway o con torpedos para hacer lo propio con la Flota enemiga. Parece que el Plan trazado por su superior no había acabado de ser comprendido del todo, pues Midway era sólo el cebo, su conquista era un objetivo marginal que serviría en caso de capturar intactos sus aeródromos como auxiliares para la Aviación Naval Imperial que la auxiliaría de forma secundaria, en caso de colapso o saturación de sus portaviones. El citado superior, es decir Yamamoto también tiene una alta cuota de mala praxis. Si su potente Flota de superficie se hubiera encontrado a una distancia coherente del fuego, según el principio napoleónico de acudir al mismo, hubiera debido cargar contra los valientes norteamericanos que, aun a sabiendas de su inferioridad numérica, no albergaron un atisbo de duda. Este hipotético movimiento de la masa operativa japonesa, cuanto menos habría creado grandes dudas de empleo táctico a sus enemigos: atacar a los portaviones nipones o quizás a sus grandes acorazados y cruceros de batalla, seguir la misma singladura de aproximación y correr el riesgo de ponerse a distancia de los gigantescos cañones de los Leviatanes de Yamamoto y un variado etcétera, pero este seguía en su inamovible soberbia y la capacidad de reacción se le estaba agotando.

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Un Dauntless dañado retorna al Yorktown tras haber atacado al Akagi.

Mientras los japoneses deshojaban margaritas, a las 08:00 dos grupos de 8 Dauntless cada uno provenientes de Midway, de nuevo sin protección de cazas, se lanzaban a su cita con el destino centrándose en el portaviones Hiryu que no recibirá ningún impacto a pesar de la insistencia yanqui. Sólo seis aparatos retornarán a sus bases en tierra literalmente cosidos a balazos. Tras ellos aparecerá un número análogo de B-17 Flying Fortress que desde una altitud de 6000m tratarán de causar el mayor daño posible, fracasando en su empeño pero eso sí, los nervios del Dai Nippon Teikaku (Japón imperial) estaban más que crispados… Diez minutos más tarde otro avión de reconocimiento informaba erróneamente que en la Flota norteamericana sólo habían buques de superficie, con lo que Nagumo decide de forma prioritaria laminar Midway y para acabar de convencerlo once bombarderos Vindicator de Midway se lanzan sobre el acorazado Haruna, tres de ellos serán derribados de inmediato ¡Se alegará y apelará lo indecible sobre este cuestionado choque, pero en lo referente a los pilotos de la guarnición es incuestionable que los tenían muy bien puestos…! Veinte minutos más tarde es avistado el primer portaviones norteamericano, que no puede ser atacado de inmediato pues hay que despejar cubiertas para acoger a la primera oleada que había atacado el atolón, se esperaba que a las 10:30 podrían lanzar sobre la Flota enemiga un centenar de aparatos, pero mientras la Task Force Spruance con el Enterprise y el Hornet, seis cruceros y nueve destructores se deslizaba dirección sudoeste abriendo una guadaña que de momento sus enemigos no albergaban la menor sospecha. Los 120 aviones de Spruance ya estaban en vuelo dispuestos a ajustar cuentas por la pérdidas de sus bravos camaradas de Midway, se les unirían 35 del Yorktown de Fletcher, que había resguardado una potente reserva a bordo por si los japos creían que había lanzado toda la carne al asador...

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El Yorktown recibe el impacto de un torpedo japonés.

 Los aparatos del Yorktown al cambiar de rumbo la Flota enemiga errarán en localizarla, salvo la escuadrilla del comandante Waldron cuyos quince Devastator fueron destrozados en su totalidad a las 09:15 por un enjambre de más de medio centenar de Zeros. Veinte minutos más tarde llegaba otra escuadrilla del mismo tipo de aparatos esta vez del Enterprise; ocho más serán derribados. A las 10:00 otra formación del Yorktown compuesta de 13 Devastator y 6 Wilcats hacía acto de presencia, las tripulaciones y aviadores de Nagumo empezaban a entrever que más pronto que tarde la suerte les abandonaría ante la persistencia y tozudez enemiga. A punto de despegar los aviones de Nagumo a las 10:25 el comandante McClusky del Enterprise con 37 bombarderos Dauntless seguía la estela de un destructor enemigo que en solitario y a toda máquina trataba de reunirse con el grueso, dispersado tras los múltiples virajes para esquivar los sucesivos ataques norteamericanos. En dirección opuesta el comandante Leslie del Yorktown llegaba con 17 Dauntless. Ambas formaciones aparecerán de entre las nubes a 3000m cuando los portaviones nipones tenían sus cubiertas repletas de aviones cargados de combustible y municiones. El Kaga encajó cuatro impactos directos que lo hundirán a las 19:25, el Soryu tres. Su capitán Yaginamoto escogerá hundirse con el buque y su katana desenvainada, mientras el Akagi, buque insignia de Nagumo, encajará dos impactos y deberá ser hundido por los torpedos de sus propios destructores al alba del siguiente día, Nagumo es trasladado la fuerza al crucero Nagara. En total cerca de 2000 hombres tendrán como sarcófago los Dragones de metal del Amaterasu (Dios Sol) y 200 aviones con buena parte de sus avezados pilotos.

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El Hiryu en llamas. Foto tomada por un avión de reconocimiento del Hosho.

El Santísima Trinidad gringo

A los japoneses sólo les quedaba el portaviones Hiryu del que a las 11:00 despegaban 18 bombarderos Val y 6 Zeros, tres de los primeros lograrán zafarse de la cortina de cazas de Yorktown e impactarle con tres bombas en sus calderas, dejándolo momentáneamente al pairo. Pero su entusiasta tripulación que ya había sufrido lo suyo en Mar del Coral, lograba reparar la cubierta y su sistema motriz, poniendo rumbo a Pearl Harbor dónde esperaba ser reparado de nuevo ¡Si Yamamoto hubiera hecho bien su cometido, seis meses antes no tendría otra que virar a la lejana San Diego en California! y además lo hacía con una velocidad nada desdeñable.

A las 14:00 10 bombarderos Kate y 6 Zeros lo alcanzan nuevamente, la mitad de los primeros logra bajo la protección de sus Zeros llegar a distancia de disparo, atinándole con dos torpedos en su eslora, la tripulación antes de una hora más tarde recibirá la orden de abandonar el buque, él cual con torería no parece tener intenciones de hundirse. Los japoneses creyeron la quimera de que este segundo ataque había alcanzado un buque distinto y en su razón sólo les faltaba alcanzar un tercero para equilibrar el balance y dejar la puerta abierta para que la aplastante superioridad de hierro de Yamamoto entrará en acción y barriera las aguas hasta la misma costa oeste de los EEUU, y para ello preparaban una definitiva oleada nocturna. Pero de nuevo sus cálculos se verán frustrados, al creer que sus adversarios esperan de brazos cruzados su furia oriental. 16 bombarderos del Hornet y 24 del Enterprise van a su zaga, pocos minutos después de las cinco de la tarde impactaban la primera de cuatro bombas, los atacantes se lanzarán a continuación contra los acorazados, cruceros y destructores de escolta, labor a la que se unirá el contumaz McClusky ¡Cuatro comandantes como esté, toman Tokio en tres días! A pesar de ello ningún navío recibe daños de gravedad y el Hiryu seguirá a flote hasta la madrugada del día cinco, en que a las 05:30 dos submarinos propios lo torpedean con el almirante Yanaguchi a bordo, según las absurdas reglas del Sheishin Kyoiku (Directriz espiritual del guerrero).

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El I-168

En la tarde de ese mismo día 5, el comandante Tanabe del submarino japonés I-168 vislumbra a través de su periscopio el obstinado Yorktown al que impacta con tres torpedos más, de nuevo equipos de reparación tratarán de mantenerlo a flote y su hundimiento no se producirá hasta las 06:00 de la madrugada del día 8, una terquedad de la máquina que muestra sin ápice de dudas que la lucha de voluntades en el teatro del Pacífico tuvo tonalidades épicas, aunque mentes generalistas sólo quieran ver fuegos artificiales en idílicos parajes tropicales…

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El Yorktown arde tras el primer ataque de bombarderos en picado.

Cualquier Banzai pasado fue mejor

El mismo día 5, Yamamoto evidencia la cruda realidad y ve claro la inversión de sus planteamientos que en un inicio había trazado como si de una batalla de romanos se tratase, dejando que sus velites (Portaviones) se encargarán de sus pares enemigos en unos combates de escaramuza que darían paso a la auténtica batalla entrando en liza sus: príncipe, triarii y hastati (Acorazados, cruceros pesados y cruceros) actuando destructores y submarinos como caballería aliada y númida, pero en 1942 los tiempos de Cannas, Trebia, Tesino y Trasimero habían desaparecido como granos de polvo o mejor dicho: como espuma de olas… El compendio de la nefasta conducción del almirante Yamamoto sería: El primer paso no te lleva a dónde quieres ir, pero sí que te saca de dónde estás…

Tras la orden general de repliegue hacia el oeste para buscar las seguras aguas de Wake y Truk, los cruceros pesados Mikuma y Mogami sufrieron una pequeña colisión el día 6 que los rezago del resto y serán la prueba fehaciente de los yerros de planteamiento, al ser alcanzados por nubes de Dauntless del Enterprise y del Hornet que hundirán al primero y dejarán al segundo muy mal parado con numerosas bajas. No obstante, logrará eludir un casi seguro destino en las profundidades marinas. Como ya hemos venido exponiendo, la derrota japonesa, más allá de debida por una diferencia tecnológica al carecer de radar, referente que era ampliamente suplido por su superior número de buques y mejor aeronáutica que mantendrá hasta el siguiente año, era de tipo conceptual pues en esencia y pese a innumerables conjeturas Japón nunca creyó en la victoria y Midway más que un punto de inflexión, fue un momento de ratificación de su psique colectiva depresiva siempre tendiente al suicidio y a la muerte ritual “Su mística del brindis de sake y embarcar en las carlingas sus katanas era y es subliminalmente poético, pero a nivel práctico que es el que en definitiva gana las contiendas, mejor que el aparato incluyera un par más de ametralladoras y si fueran del 12,50, al Sol rogando y al gatillo dando”.

Bibliografía

Midway, Gabriel Motyski, Planeta.

Midway junio 1942, momento decisivo en el Pacifico, Mark Healey , Osprey/Del Prado.

Las Grandes Batallas Navales, William Koening, Marín.

Midway, la batalla que condeno a Japón, Mitsuo Fuchida, Salamina.

Grandes batallas navales, Giorgo Giorgerini, La Vanguardia.

Midway momento crítico, A. J Barker , San Martín.

1942 Midway, la hora de los portaviones, VVAA, PDA.

La batalla de Midway, el punto de inflexión, José Manuel Gutiérrez, Nowtilus.

Grandes batallas navales, Julio Mª Aleta, Plaza & Janés.

La lucha por las islas, Rafael Steinberg, Time Life/Folio.

 

última actualización: 12.02.2020